sábado, 7 de diciembre de 2024

Calendario de Adviento 2024 Día 7 "Para proteger a un dragón - Segunda parte"

Mya ya había perdido un día por el desmayo, tenía que darse prisa para poder salvar a Bam.

Por lo que pudo escuchar, su destino sería la capital, donde se encontraba el palacio del rey. Era un viaje de 5 días si se recorría el camino habitual. Pero, gracias a todas sus lecciones, sabía de varios atajos que podía tomar para alcanzar, e incluso adelantar, a los mercenarios.

Sin embargo, Mya no contaba con los peligros que le aguardaba su travesía, lo que le impidió un avance veloz en su viaje.

Mientras caminaba cerca de un lago, un enorme pedazo de roca salió volando para aterrizar justo a su lado. Gracias a su capa mágica, no sufrió daños. El ser que la había atacado era un ogro de gran tamaño. Sabía que no podría ganar contra él, así le arrojó algunas pociones que tenía en su bolsa mágica para desorientarlo y escapar. Pudo ocultarse, pero el ogro la seguía buscando, por lo que no tuvo más opción que esperar a que se fuera para continuar.

Luego de esto, Mya se adentró a un gran campo de flores rosas. Sabía gracias a los libros de herbología que eran totalmente inofensivas, por lo que cruzó sin miedo. Pero, dentro de todo ese hermoso campo, se ocultaba una flor color rojo, la cual sí era peligrosa, ya que soltaba un humo que ponía a dormir a quien lo oliera. Mya sintió los signos de un enorme sueño, sin embargo, su misión y su deseo de rescatar a su padre fueron más grandes, logrando atravesar el campo sin mayores problemas, aunque a un paso más lento.

Por último, en un camino que corría paralelo a un sendero vio como unos ladrones atacaban a una familia de mercaderes. A pesar de que su misión era más importante, al ver que uno de los ladrones estaba a punto de bajar su espada sobre uno de los niños, Mya no pudo detenerse. En menos de un segundo, saltó a defenderlos. Con sus habilidades de espada, los derrotó rápidamente, dejándolos muy malheridos. Los mercaderes quisieron agradecerle, pero ella ya se había ido.

Entre esos y otros eventos, llegó a la capital a tiempo. Logró ver a los mercenarios que llevaban a Bam a través de la puerta principal. Estando más tranquila de que su padre se encontraba a salvo, Mya puso un hechizo de invisibilidad sobre su capa mágica y se infiltró en la ciudad, siguiendo de cerca el paso de los mercenarios.

Cuando llegó al palacio, el rey en persona salió a felicitar a los mercenarios y admirar a Bam. Se notaba en su rostro una expresión de alegría combinada con ambición. Mya temía lo peor, que el rey matara al dragón en ese mismo momento. Pero no sucedió. Por lo que pudo escuchar, necesitaban algunos días para preparar todo el ritual, y se tardaría un par de días. Esto la alivió y la preocupó en la misma medida. Aunque, después de pensarlo un momento, vio una luz de esperanza. Si podía proteger a su padre por 2 días, despertaría de su hibernación y podrían salir de aquí.

De esta manera, comenzó su misión bajo el velo de la invisibilidad. Cuando alguien se acercaba a Bam, Mya lo alejaba de manera discreta; si lo querían atacar, ponía un escudo sobre la piel del dragón para que no le hicieran daño. Estas pequeñas acciones fueron generando un rumor alrededor del dragón, diciendo que era invencible y que nadie lo debía tocar si no querían desatar su furia. El rey, por su parte, no hizo caso a los comentarios y continuo con sus preparaciones.

En la noche del segundo día, el rey ya tenía todo listo para el ritual. Mya, sin embargo, no se iba a rendir tan fácil. Desactivo su invisibilidad frente al rey y declaró que nadie tocaría a su padre mientras ella estuviera ahí. El rey solo se rio y mandó a sus guardias contra ella.

Por más de 8 horas, hasta el amanecer, Mya estuvo luchando contra los guardias del rey para que no se acercaran a Bam. Habrá luchado mínimo con unas 200 personas. Y nunca se rindió. A pesar de sus heridas y el cansancio, continuó de pie defendiendo a su querido padre.

Cuando estaba a punto de caer, sucedió. Bam abrió los ojos y vio a su alrededor. Observando el estado en el que estaba su hija, lanzó un ultimátum: no se volverían a acercar a él o a su hija nunca más si no querían que recayera sobre ellos la maldición del dragón. Con terror infundido en sus ojos, el rey dejó ir a ambos.

De regreso en la cueva, Bam curó a Mya y le agradeció por todo lo que había hecho por él. No podía estar más orgulloso de ella, su querida hija.

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