Adam estaba frente a un Kird. Era más imponente de lo que dejaban ver sus bases de datos. Sin darle tiempo para pensar o decir algo, el enemigo lo atacó con su hacha. Pero, sin saber exactamente porque, su cuerpo dio una voltereta para esquivar el ataque. Sorprendido, volvió a buscar en su interior la respuesta.
Al parecer, lo que había dicho el capitán sobre Adam y sus mejoras no era una exageración. Tenía grandes capacidades intelectuales, manejo de naves, manejo de herramientas científicas y, por supuesto, habilidades de ataque y defensa, muy útiles en situaciones de peligro. Dando gracias a su programación, se escapó de la sala de mando.
Después de encontrar un lugar donde esconderse, Adam se tranquilizó y empezó a pensar. Sabía que necesitaba sacar al
Kird de la nave para poder cumplir su misión, pero no sería tarea sencilla.
Estaba desarmado y no tenía ningún apoyo. Además, el enemigo de seguro ya conocía
la nave y no podía esconderse por siempre. ¿Qué podía hacer?
Justo en ese momento, el Kird hace un
anunció por la comunicación interna de la nave. Le dice que le va a perdonar la
vida si le entrega la información sobre la cura. Si no lo hace en los próximos
5 minutos, activara la autodestrucción de la nave. En ese momento, a Adam le surge una duda:
¿por qué no solo destruye todo? Además, con el tiempo que tuvo, ya debió haber
encontrado la información, ¿en dónde estaría escondida?
Luego de pensarlo un poco, Adam llega
a la conclusión de que los Kird quieren destruir la información ellos mismos ya
que, si destruyen la nave, pero la información ha sido transmitida o almacenada
en algún medio que permita que llegue a los humanos, será el fin de su plan.
Haciendo uso de esto, crea un plan para derrotar a su enemigo.
Antes de que se acabe el tiempo de
gracia, Adam usa las comunicaciones para decirle al Kird que le va a entregar
la información y que se vean en el almacén número 2.
Momentos después, el androide y su enemigo vuelven a estar cara a cara. Este último le exige que le entregue la
información, pero Adam, en vez de eso, le pregunta porque su raza le tiene
tanto odio a los humanos como para ir a la guerra contra ellos. El Kird
responde que, desde su punto de vista, los humanos son una plaga que debe ser
exterminada, ya que solo traen caos y destrucción a todas las cosas. Adam lo
intenta convencer sobre que los humanos no solo son capaces de grandes
destrucciones, sino también de muy grandes creaciones. Al Kird no le interesa nada lo que tenga que decirle y le vuelve a demandar que le entregue los datos.
Adam, viendo que no tenía otra opción,
le dice que la información está en una de las cajas del almacén, señalando un
pequeño paquete cerca de una puerta. El Kird, feliz, se acerca al paquete y lo
empieza a destruir con su hacha. Una vez que hubo terminado, se dio cuenta que
en realidad el paquete solo contenía algunos paquetes de comida. Enojado,
voltea para atacar a Adam. Sin embargo, Adam es más rápido y logra empujarlo contra la puerta que abrió de manera remota. De inmediato, cierra el acceso,
dejando atrapado al Kird en la exclusa de la nave.
Antes de soltarlo al espacio, el Kird
le dice que sus esfuerzos son inútiles. Adam le pregunta la razón detrás de sus
palabras y este le dice que se le está acabando el tiempo. Aunque sea capaz de
llegar a la colonia humana, no tendrán el tiempo suficiente para desarrollar la
cura y salvar a la poca población que les queda. Riendo por su inminente
victoria, el Kird mismo se expulsa de la nave hacia su muerte.
Adam estaba en una encrucijada. Debía
cumplir su misión a toda costa para no defraudar a las personas que habían
puesto sus esperanzas en él, pero, no tenía idea de donde estaba los datos para
la curta y, si lo que había dicho su enemigo era cierto, no iba a lograr
nada...
Pero eso no lo detuvo. Volvió a la
sala de mando y la reviso minuciosamente. Si había alguna pista de donde
estaban los datos, era ahí. Después de mucho buscar, no encontró nada.
Decepcionado, se sentó en la silla del capitán. Y, en ese momento, un milagro.
La computadora se volvió a prender y le dijo a Adam que los datos los habían
transferido a su banco de memorias secundario, lo cual explicaba la
desorientación que había sentido cuando despertó. Revisando en su interior,
logró encontrar la información necesaria. Con ella se puso manos a la obra
mientras la nave estaba en curso a la colonia.
Poco tiempo después, la nave llega a
la colonia. Mientras sus habitantes esperaban ver bajar a sus salvadores, lo
único que vieron fue a un simple androide. Decepcionados, empezaron a soltar
lágrimas. Pero Adam les grita que no deben llorar, él completo la cura y los
salvara a todos en unos momentos.
Con su gran velocidad, Adam vacunó a
todos los humanos de la colonia quienes empezaron a mostrar signos inmediatos
de mejoría. Mientras los habitantes celebraban, Adam solo podía esbozar una
sonrisa por aquellos héroes que dieron su vida por salvar a la humanidad.
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