Yui aún no había superado la muerte de Liz.
Es decir, ¿cómo podría? La había conocido toda su vida: misma escuela, mismo vecindario, mismos gustos; lo compartían casi todo... excepto una pequeña cosa.
Liz tenía un fuerte cáncer que la fue debilitando poco a poco hasta que dejó este mundo hace diez años. En ese momento Yui estaba devastada. tenían tantos planes juntos, tantas cosas por hacer, tantas palabras por decir... Y todo se había esfumado en un instante.
O eso se suponía.
En redes, había estado circulando una curiosa promoción. Al parecer, existía un lugar donde te podías comunicar con los muertos. Así que Yui fue a buscar ese lugar.
Luego de un largo viaje, llegó a su destino. Era una tienda oculta en un callejón alejado de toda la luz de la ciudad. No había ninguna señal que indicara de que era ese lugar, pero ella sabía. Tenía la seguridad que ahí iban a cumplir con su deseo.
*****
Yui entra a la tienda y ve que es un lugar muy extraño. Esperaba que fuera un lugar lleno de materiales para magia, pero era un típico lugar con un solo mostrador y un sujeto con lentes detrás de este.
El joven se presentó como Ross y le preguntó a que venía a su tienda. Ella le responde que había visto que en ese lugar podía hablar con los muertos y quería ver si era cierto.
El joven le contesta que si, que es verdad. Que en este lugar, llamado "Reunión", podías volver a contactar con los muertos.
Yui aún estaba escéptica ¿Cómo era posible que un lugar así existiera? Ross, por su parte, sabía lo que su clienta estaba pensando. Ha estado en este negocio desde hacía varios años y las dudas e inquietudes siempre son las mismas. Entonces, le dijo que para calmar sus preguntas, le haría una pequeña prueba.
Ross le pidió a Yui algo de la persona con la que se quería comunicar, así que le pasó una pulsera que Liz había tenido durante su estancia en el hospital. Era de los pocos objetos que siempre tenía consigo.
Se la entregó al joven, quién cerró los ojos y se concentró. Cuando los volvió a abrir, Ross le dijo que había hecho contacto con su amiga Liz y que estaba dispuesta a verla una última vez. La describió como si la hubiera conocido de años, explicando incluso su manera de ser y una que otra anécdota que solo ambas conocían.
Yui se había convencido... Pero su escepticismo ahora daba el paso a otra emoción. El miedo. Este tipo de "contratos" no debían ser algo ordinario. Le estarían pidiendo algo extraordinario a cambio.
Ross le contestó que no. Que no le pediría nada a cambio. A lo mejor, solo una cosa: que hiciera de ésta una reunión muy especial para las dos, ya que no podría convocarla nuevamente.
Yui le preguntó que era lo que se refería, así que Ross le empezó a explicar las reglas de la reunión.
La persona con la que te querías encontrar llegaría a la puerta de su casa a medianoche, estando con la solicitante por un período de 24 horas, para luego volver al mundo de los muertos. Una vez que se ha convocado a una persona fallecida, no se le puede volver a convocar, así que, si tenía algún asunto pendiente, debía hacerlo en ese lapso. El delgado velo entre la vida y la muerte era riguroso con las reglas. A las 23:59 sería el adiós definitivo. Y no podía preguntarle nada sobre el otro lado, eso es algo que cada quien debe conocer al final por si mismo.
Yui se estremeció. Era como si en aquella conversación que tuvo con Liz, Ross hubiera descubierto algo más. Pero no podía preocuparse por eso en estos momentos. ¡Volvería a ver a su amiga! Le agradeció mucho al joven de los lentes y salió rápidamente del local para prepararse.
*****
Yui regresó a su casa de inmediato, no tenía tiempo que perder. Quería tener todo listo para cuando Liz llegara.
Limpió cada rincón de la casa, pidió la comida que ambas habían disfrutado, y preparó varias opciones para divertirse en su único día de reencuentro. Pero, lo más importante de todo, preparó una carta que nunca le había podido dar cuando estaba con vida. Después de poner todos sus sentimientos en ella, le dio miedo entregarla. ¿Cómo se sentiría Liz después de leerla? No quería imaginar ese escenario. Sin embargo, esta era la última oportunidad que tendría.
Luego de preparar todo, Yui quedó muy cansada. Ya era entrada la noche, y toda la emoción del día se convirtió en desgaste. Se estaba quedando dormida. Pero no quería. Si lo hacía, perdería minutos valiosos con Liz. Caminaba, hacía ejercicio, tomaba bebidas energéticas, ponía música a gran volumen... Estaba agotando todas las opciones para mantenerse atenta.
Justo cuando estaba cayendo derrotada, sonó el timbre de su casa. Esta simple acción la había despertado. Emocionada, fue rápido a la puerta. Antes de abrirla, respiró varias veces, en un vago intento de relajarse.
Cuando estuvo más calmada, abrió la puerta. Frente a ella, se encontraba una mujer de su misma edad. Pero era imposible, ella había pedido que Liz se presentara. Aunque había algo en su rostro que era muy familiar, así que decidió hacer una prueba.
La llamó por su apodo de la infancia, y ella le respondió con el suyo. Justo en ese momento, Yui comenzó a llorar de manera desconsolada. Liz había regresado.
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