viernes, 6 de diciembre de 2024

Calendario de Adviento 2024 Día 6 "Para proteger a un dragón - Primera parte"

Había una vez un pueblo escondido en las montañas llamado Vel. La vida era muy pacífica en ese lugar: no había monstruos que los atacaran y todos se llevaban bien, sin rencores ni enemistades. Todo esto era posible a la protección del gran dragón Bam.

El pueblo y el dragón tenían una relación de ayuda mutua: mientras el dragón los protegía de toda maldad y daño, el pueblo tenía el encargo de cuidar al dragón, alimentándolo y manteniendo su hogar, una cueva en una de las laderas de las montañas, en un buen estado.

Sin embargo, esta paz no duraría mucho tiempo. Una gran guerra se desató en este lejano país y alcanzó al pueblo de Vel. Poco a poco, los corazones de sus habitantes se fueron tiñendo de negro, dando paso a la avaricia, la codicia, los rencores y, lo peor de todo, la envidia. A pesar de los esfuerzos de Bam, era muy difícil eliminar las emociones negativas en su interior.

No pasó mucho tiempo antes de que el pueblo empezara a destruir a sí mismo. Los habitantes iban cediendo a sus impulsos y acabado con sus familias, amigos y compañeros. De un día para otro, el pueblo estaba vacío, solo observando un rastro de muerte y destrucción…

O eso parecía en un principio. Bam se acercó a ver el estado del pueblo y pudo escuchar un leve llanto. Debajo de unos escombros, una pareja estaba protegiendo a un pequeño bebé. Aunque el pueblo había sido consumido por la oscuridad, esas dos personas no se dejaron vencer y protegieron lo más importante para ellos: su hija.

Al observar este gesto desinteresado, Bam bendijo a la bebé, adoptándola y bautizándola el nombre de Mya, sabiendo que lo que estaba haciendo podría considerarse una herejía, ya que los nombres de tres letras están reservados únicamente a los dragones por el gran poder que guardan.

Los dragones son seres muy sabios, por lo que cuidar a la pequeña Mya no iba a ser un problema… O, mínimo, eso fue al principio. Mya no se quedaba quieta, lloraba todo el tiempo, y debía tener cuidado de no aplastarla cuando jugaba a su alrededor. Fueron unos muy días duros para Bam.

Pasaron los años y todo se hizo más ¿sencillo? Bueno, más sencillo que cuando era más pequeña. Conforme crecía, Bam le enseñaba a Mya todo lo necesario para sobrevivir, como cazar, cultivar, escribir, leer, hablar correctamente, usar la espada, el arco e, incluso, un poco de magia, recordándole en cada lección que no debía usar nada contra los indefensos, ya que su corazón se llenaría de emociones negativas y dejaría de ser su hija.

Mientras tanto, Mya se encargaba de las necesidades de su padre adoptivo: la comida, el cuidado de sus escamas y de la cueva en la que vivía. Sin embargo, la tarea más importante estaba cerca: una vez cada 5 años, los dragones entran, durante un mes, en una hibernación en donde son completamente vulnerables ante cualquier ataque. Así que ella debía velar porque no le pasara nada durante ese tiempo.

Transcurrieron 20 días en total tranquilidad. Bam continuaba con su hibernación y Mya se encargaba de la cueva. Sin embargo, al día siguiente, algo inesperado ocurrió. Un grupo de mercenarios atacó la cueva.

Mya se defendió contra ellos lo mejor que pudo, pero la derrotaron y capturaron a Bam. Por lo que alcanzó a escuchó, fueron contratados para llevar al dragón frente al rey, quién quería su corazón para continuar con vida un poco más. Antes de que pudiera decir algo más, se desmayó.

Pasó todo un día hasta que pudo recobrar la conciencia. Luego de eso, Mya se curó las heridas lo mejor que pudo, tomó su arco, espada y bolsa mágica y salió de su hogar para salvar a su padre.

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