Claire y yo llevábamos poco tiempo en el mundo de la magia y, aunque ya nos habíamos encontrado con varios casos extraordinarios, nos seguíamos sorprendiendo por las cosas nuevas. El callejón Dyb no fue la excepción.
El lugar estaba repleto de tiendas de
lo que uno se pudiera imaginar, y todavía más. A nuestra derecha se encontraba
una tienda de calderos de todos los tipos, seguido de un local que venía
ingredientes para pociones y de una herbolaría con plantas que no conocíamos. A
la izquierda una tienda de bastones, junto a una de libros y grimorios y, por
supuesto, no podía faltar la típica tienda para el conjunto de mago, hechicero
o brujo.
Incluso más curioso que las tiendas,
eran las personas, o mejor dicho seres. En este pequeño lugar se concentraban
seres de todo tipo: humanos, elfos, enanos, espíritus, cambia formas, hombres
bestia… La lista era interminable. Y, aun así, entre tanta diversidad, Claire y
yo resaltábamos.
- ¿No crees que todos nos están viendo
muy raro? – preguntó Claire, observando a su alrededor.
- La verdad es que sí – le respondí –
Pero no podemos hacer nada. Somos humanos sin una gran capacidad mágica en uno
de sus lugares sagrados.
- Si… Pero aun así no me gusta. Siento
que nos están vigilando.
- Mejor olvidémonos de eso y vayamos a
la tienda de Bash.
Siguiendo el mapa, nos adentramos en
el callejón.
*****
Cuando estábamos a unos pocos metros
de llegar a nuestro destino, un grupo de 10 jóvenes vestidos de maneras muy
raras, incluso para los magos, nos cerró el paso.
- Y, ustedes sin magia, ¿qué están
haciendo aquí? – preguntó el que parecía ser el jefe.
- Estamos haciendo un encargo, así que
si nos permites… - hice el ademán para que se quitara del camino, pero el jefe
me hizo retroceder con un empujón.
- No no no. Parece que no estás
entendiendo tu lugar aquí. Nosotros somos lo que decidimos quién puede entrar y
quien debe estar fuera.
- ¿En serio? Pues no vi ningún mensaje
de eso en la entrada – le respondió Claire con todo de burla.
- Siguen sin entender, ¿eh? No digan
que no se los advertí.
Al ver que no podían intimidarnos, el
jefe y sus matones decidieron cambiar de estrategia.
- Son tan insignificantes que no
necesitaremos magia para derrotarlos.
Ni bien había terminado de decir esa
frase cuando lanzó el primer ataque, seguido de todos sus lacayos.
No pudieron haber hecho una peor
elección. En tan solo unos minutos, Claire y yo los habíamos vencido a todos.
Sus “golpes” eran de unos totales
principiantes, por lo que no nos costó mucho trabajo esquivarlos. Como usaron
toda su fuerza en los ataques, se cansaron rápidamente, y aprovechamos para
derribarlos.
- Imposible, ¿cómo unos seres
inferiores…? – decía el jefe desde el suelo.
- Parece que no somos tan inferiores
después de todo – le respondí.
- No, no lo aceptaré. ¡Morirán aquí!
Escuchamos que empezó a conjurar algo
y, por cómo se oía, iba a causar un gran desastre. Sin embargo, de la nada,
salió un humo color blanco que lo cubrió todo.
- Síganme – mencionó una voz fuera del
humo, seguido de un par de manos que se manifestaron en todo lo blanco.
Sujetamos las manos y nos jaló a una
gran velocidad, alejándonos del peligro. Cuando nos recuperamos del repentino
mareo, vimos a un joven de rojos cabellos a nuestro lado.
- Por poco – comentó mientras
recuperaba el aliento – Si me hubiera tardado un poco más, serían otras
víctimas de Odn.
- ¿Esas personas eran de Odn? –
preguntó Claire – La verdad no parecían la gran cosa.
- Y no lo son. Pero tienen un líder
que los empodera a través de sus manipulaciones y palabras bonitas. Solo son
zombies con un poco de poder.
- Parece que las cosas no son tan
diferentes al mundo humano – concluí – Muchas gracias por salvarnos…
- Bash. Mi nombre es Bash – se
presentó el joven.
- ¡Justo te estábamos buscando!
- Lo sé. Recibí un mensaje de Violet
pidiendo el favor que los recibiera en la tienda y los ayudara. Cuando sentí
que ya se habían tardado mucho, salí a buscarlos.
- En serio gracias – volvió a decir
Claire.
- No se preocupen, mejor, vamos a la
tienda para que me cuenten la situación.
*****
La tienda de Bash estaba llena por
todas partes de artefactos. Relojes, maquinas llenas de engranajes, pinzas y
cajas, montañas de cajas. Era un lugar impresionante por sí solo.
- Y bien, ¿qué necesitan? – preguntó
el dueño de tan loco lugar.
- Información más que nada – aclaré –
Estamos ayudando a Violet a esclarecer el asesinato de Joseph. Si podemos
probar que un humano no fue capaz de hacerlo, y más que nada, que fue Odn,
podemos evitar una revuelta masiva.
- Pero sigo sin comprender porque
venir a mí.
- Por todo lo que hemos reunido –
contó Claire – llegamos a la conclusión que lo más posible es que Max, el
supuesto culpable, fuera controlado de alguna manera. Sin embargo, los informes
de los investigadores mágicos descartan por completo esa idea. Así que queremos
saber si hay alguna magia con la que se pueda hacer algo así sin que deje algún
rastro.
Dicho esto, Bash se puso a pensar
durante unos minutos. Claire y yo lo observábamos cambiando de expresión
momento a momento.
- Lo siento, pero no existe ninguna
magia así – en su tono de voz se notaba una gran decepción – La magia o los
hechizos utilizados siempre dejan un rastro por mínimo que sea: un tatuaje, una
cicatriz, inmovilidad de alguna parte del cuerpo, cambio de color en las uñas,
un olor distintivo…
- ¡Espera! ¿Olor? – dije, iluminándose
mi mirada.
- Si. No es un rastro tan común, pero
es posible que algunos tipos de conjuros dejen un olor tanto en la persona que
los conjura como en su objetivo.
- ¿Incluso algo tan característico
como el jazmín?
- Sobre todo los olores a flores. ¿Por
qué la pregunta tan específica?
- Max, el sospechoso, tenía impregnado
un ligero olor a jazmín, pero su ropa o pertenencias no.
- Entonces existe una posibilidad –
pensó Bash – Cambio de auras.
- ¿Eso qué es? – cuestionó Claire.
- Es uno de los hechizos más raros de
todos. En vez de cambiar de apariencia o controlar el cuerpo de otro como si
fuera una marioneta, cambias de esencia o “alma”. Por un momento, eres otra
persona. Y deja un olor a jazmín tanto en la persona que lo conjura como en el
objetivo.
- Encaja con todo – deduje – Sé que la
magia y el misterio no se deben combinar por su conveniencia para resolver
todo, pero la verdad es que lo agradezco mucho para estos casos. Ahora, ¿hay
alguna forma de encontrar a la persona que lo conjuro?
- Puede ser que sí, necesitaríamos ir
a la biblioteca para comprobar algunos tomos ya que es magia fuera de mi área
de experiencia.
- No hay tiempo que perder. ¡A la biblioteca!
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