domingo, 7 de diciembre de 2025

Calendario de Adviento 2025 Día 7 "Un día de lluvia parte 1"

Mientras corría a toda velocidad a casa pensaba: "¿Por qué siempre cometo los mismos errores?"

El día hoy no se había pronosticado lluvia, así que salí sin un paraguas. Pero debí hacerle caso a mi suerte. El cielo se estaba cayendo. De acuerdo con las noticias y redes sociales, la lluvia no se detendría hasta muy noche.

Si seguía a este ritmo, podría acabar con hipotermia. Así que tomé la decisión inteligente y dirigí a un parque cercano.

Como estaba en mi camino habitual, sabía que había una pequeña construcción donde podría esperar a que pasara la lluvia lo suficiente para regresar.

Al llegar a la puerta del parque, la vi. Era un área de descanso estilo rústico en una esquina, la cual se encontraba protegida por unas fuertes paredes de ladrillo, así que sería mi guarida por un tiempo.

Dentro de toda mi mala suerte, me había traído una chamarra gruesa, por lo que mi ropa no se había mojado tanto. Pero tenía miedo de que el contenido de mi bolsa se arruinará, así que lo extendí en la banca donde tomé asiento.

Revisando el daño a mis pertenencias (mi pañuelo estaba empapado, el maquillaje estaba bien, el celular se supone que es resistente al agua, pero no encendía, y el dinero, aunque mojado, todavía era útil), me encontré con un pequeño relicario. ¿Cuánto tiempo tendrá guardado ahí?

Lo abrí y sentí que se me salieron las lagrimas: era una vieja foto de la casa de mis padres en el campo, sonriendo a mi mejor amiga Jade. Que lindo recuerdo.

Mientras lo tenía entre manos, me senté a esperar el fin de la lluvia y, arrullándome con el sonido de las gotas caer, me sumí en un profundo sueño.

***

Cuando vivía en el campo, me encantaban los días de lluvia. Regresar chapoteando en los charcos hasta hacerlos desaparecer, correr bajo las gotas de agua o, simplemente, verla caer, era completamente relajante.

No importaba si tenía un mal día, la lluvia se lo llevaba todo. Sin embargo, hubo una ocasión en que este clima no fue suficiente para alejar la tristeza.

Puede que fuera por mi aspecto, ya que tenía una marca de nacimiento cerca de mis ojos, pero mis compañeros de escuela eran muy crueles y se burlaban de mí. Me llamaban "la niña monstruo". Ese día, se pasaron de la raya destrozando una tarea a la que le había puesto mucho empeño. Desesperada, salí corriendo de la escuela.

Justo en ese momento, empezó a llover. Dejé mi paraguas e impermeable en el salón, por lo que no tenía nada para protegerme. Además, no me importaba. Mínimo así, no verían que estaba llorando.

Me detuve bajo un pequeño templo a resguardarme. ¿Por qué tenían que ser tan malos conmigo? Yo no pedí nacer así. Solo deseaba que hubiera alguien me que quisiera por quien soy y no por mi apariencia.

Repentinamente, sentí que alguien se sentó a mi lado. Era una niña de mi edad con un cabello largo y de color naranja y unos hermosos ojos verdes. Estaba sonriendo.

- ¿Qué haces aquí? - le pregunté

- Pues... Salí a jugar en la lluvia. ¿Me acompañas? - respondió sin dejar de sonreír

- No quiero - puede que fuera un poco brusca, pero no estaba de humor para nada.

- Vamos, ¡te prometo que te divertirás!

Antes de que pudiera decirle algo más, me tomo de la mano y salimos a la lluvia. Empezamos a dar vueltas, chapotear, buscar flores, crear canales de agua... Poco a poco, esa amabilidad desinteresada calentó mi corazón y también comencé a reír y divertirme.

Después de un buen rato, escuché la voz de los adultos que gritaban mi nombre. La niña me dijo que fuera con ellos, que de seguro estaban preocupados. Pero no quería separarme de ella, no quería volver a enfrentar a mis compañeros de clase.

Cuando estaba a punto de llorar de nuevo, me dio un fuerte abrazo y me dijo que, cuando volviera a llover, regresara a ese lugar, y ahí estaría. Que tenía que ser valiente y esperar.

Con esos cálidos sentimientos, pude despedirme de ella, no sin antes presentarme.

- Me llamo Rose, ¿y tú?

- Me llamo Jade.

***

Si antes me gustaba la lluvia, ahora la deseaba. Los días de lluvia, sin falta, y después de la escuela (más que nada para no preocupar a mi familia), iba a aquel templo a encontrarme con Jade.

Platicábamos, jugábamos, comíamos, lo hacíamos todo juntas. Sin saberlo, y con esos pequeños encuentros, se fue convirtiendo en mi mejor amiga, mi confidente.

Hasta el día que terminé la primaria.

Mi padre consiguió un trabajo en la gran ciudad y teníamos que mudarnos todos. Yo no quería. No podía soportar estar lejos de Jade. A pesar de mis súplicas, la mudanza se concretó.

El último día en el campo, a pesar de no llover, fui corriendo al templo para despedirme de Jade. Pero, no importó las veces que la llamara, no apareció. Me sentí destrozada y traicionada, ¿cómo no podía estar aquí? Cuando más la necesité, me dejó sola.

Al día siguiente, y de camino a la gran ciudad, empezó a llover. Pero, por alguna extraña razón, esta lluvia se sentía extraña. Se sentía... solitaria.

***

Una vez en la gran ciudad, encontré algunos amigos que me aceptaron. Y pase muy buenos momentos a su lado. Sin embargo, no era nada comparado a lo divertidos que eran los días junto a Jade. No sé si lo que sentí en ese momento fue solo amistad o algo más...

Ahora que estaba trabajando, no tenía tanto tiempo para disfrutar de la lluvia o salir con amigos. También, no había encontrado pareja. No sentía una conexión tan fuerte con alguien.

Pero, en los últimos días, el trabajo se había hecho muy pesado. Me quitaba las ganas de hacer cualquier otra cosa. Mi rutina era despertar, trabajar, regresar a la casa y dormir. Quería un momento de relajación y diversión.

***

Después de un buen rato, desperté de ese nostálgico sueño y... sentí que no estaba sola.

No vi a ninguna otra persona alrededor, lo cual me pareció extraño. ¿Qué era lo que había sentido?

De pronto, lo supe. Escuché un leve quejido debajo de la banca donde estaba. Cuando me agaché a ver, me encontré con un compañero inesperado: un pequeño zorro con una herida en la pata.

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